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Fue
en 1900 cuando a la edad de 8 años Don Sabino M. Infante comenzó
a trabajar en la casa alemana Wagner & Levien, la primera tienda
de instrumentos musicales y la de más renombre en la Guadalajara
del principio del siglo pasado. Allí, con experimentados técnicos
alemanes aprendió el oficio de la afinación y restauración
de pianos, oficio que a través de los años han perfeccionado
su hijo y nietos en Pianíssimo.
La dedicación que don Sabino mostró en Wagner & Levien
pronto lo convirtió en el técnico más solicitado
y con más renombre de la ciudad, de esta forma se ganó
la confianza de los propietarios y pronto fue nombrado apoderado general
de ventas. Con este puesto a su cargo, fue comisionado para llevar "a
lomo de mula" los pianos nuevos que en aquella época debieron
ser vendidos en toda la región del pacífico hasta que,
confiado en sus habilidades y reputación, decidió abrir
su propia tienda de pianos. Fue así como en 1920, en la calle
de Madero número 224, en el centro de la ciudad, estableció
su propio negocio el cual denominó "Taller y Almacén
de Pianos" con lo que se convirtió en la primer y única
tienda especializada en pianos y distribuidora exclusiva de la marca
Baldwin. En esa época el piano era un instrumento indispensable
entre las familias tapatías, que acostumbraban reunirse a su
alrededor por las tardes para disfrutar de sus melodías. Pero,
debido al surgimiento de algunos medios de comunicación y de
entretenimiento en los años 20 como la radio, el cine y el fonógrafo,
la venta de los pianos tuvo una estrepitosa caída no sólo
en México, sino en todo el mundo, lo que obligó a don
Sabino a cerrar su tienda.
Sin embargo, por su perseverancia y gran experiencia, don Sabino pudo
sobrevivir dedicándose a la afinación y restauración
de pianos, pianolas, órganos, armónicos y toda clase de
instrumentos de aquellas épocas, así como la ebanistería,
oficios que practicó hasta su muerte pero que en vida transmitió
a su hijo Mario, el único de varios herederos que desde niño
mostró insterés por el instrumento.
Don
Mario heredó de su padre, además del amor por los pianos,
el talento para trabajar en este noble oficio. Desde 1940 se ha dedicado
a la venta, afinación y restauración de pianos, labores
que ahora continúan tres de sus hijos -Antonio, Gonzalo y Rodrigo-
en Pianíssimo, empresa establecida en 1992.
Es por eso que hablar de Pianissimo es hablar de tres generaciones dedicadas
a los pianos, un instrumento clásico por excelencia. Con este
compromiso don Mario y sus hijos tienen la tarea de continuar con la
tradición de calidad y servicio que inició don Sabino
en la Casa Wagner & Levien; calidad y servicio que sólo una
empresa con más de 100 años de dedicación puede
garantizar: Pianissimo.
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